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El pasado 22 de noviembre se celebró el Campeonato de España de Kung Fu 2025, organizado por el Departamento Nacional de Kung Fu de la Real Federación Española de Karate y DA (RFEKDA). Compartí la experiencia junto a mi compañera de club Olga Fedina, representando a la Comunidad Valenciana y al Club de Taichi Tantien a través de la Federación Valenciana de Karate (FKCV).
En esta edición obtuve medalla de oro en las dos categorías de Taichi en las que participé: mano vacía y arma (VetD1 mixto 35-50). Pero más allá de los resultados, lo verdaderamente valioso de estos eventos es poder participar, conocer a practicantes de toda España, compartir experiencias, aprender un@s de otr@s y disfrutar de un ambiente que refleja lo mejor de las artes marciales y del Kung Fu. Al final, las medallas son un reconocimiento, pero lo más importante sigue siendo el camino diario: practicar, mejorar y cultivar salud, bienestar y calidad de vida. Quiero dar las gracias a los maestros Félix Castellanos y Anabel Esteve, cuyo apoyo y dedicación hacen posible que sigamos creciendo día a día; a mis compañer@s de competición por su energía, ánimos y gran nivel; a mis alumn@s, cuyo esfuerzo y constancia también me ayudan a avanzar; a mi familia por estar siempre ahí; y a todas las personas implicadas en el excelente funcionamiento del evento (organizadores, jueces, voluntarios, competidores, ...). Sin su dedicación, nada de esto sería posible. Seguimos caminando.
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En contextos como el Taichi, el Qigong, el Yoga o la meditación, muchas veces sucede un fenómeno muy interesante y bastante común cuando se enseña o se guía en disciplinas con un componente espiritual, terapéutico o introspectivo: la proyección.
Algunos/as alumnos/as a menudo no sólo buscan aprender una técnica, sino también una forma de vida, o incluso una figura de referencia moral o espiritual. En ese proceso, es muy fácil que proyecten en el profesor sus propias ideas, creencias o aspiraciones. Si ven la práctica como "natural" o "alternativa", asumen que el profesor también rechaza la medicina occidental o es antivacunas. Si asocian la calma o el equilibrio con la ausencia de emociones humanas, imaginan que el maestro es alguien "sin ego", "sin enfado" y "siempre en paz". Si conciben lo espiritual únicamente como "no religioso", cualquier vínculo con una tradición espiritual concreta puede romperles su imagen idealizada del profesor. Me pasa a menudo: «Tú nunca te enfadarás, ¿verdad?». Hace unos días, entre risas, les decía a unas alumnas: «Tendríais que preguntarle a mi mujer y a mi hija si soy siempre 'tan zen'». Como profesor, lo que intento es mantener una mirada integradora y honesta, y creo, sinceramente, que eso da profundidad y coherencia a mi trabajo. Intento no caer en dogmas, y esta postura intermedia, madura y razonada, a veces incomoda a quienes buscan certezas absolutas o identidades cerradas (del tipo "los nuestros" frente a "los otros"). Creo que la espiritualidad, muchas veces, se confunde con una estética o una ideología. Y cuando el profesor no encaja del todo en esa imagen, algunas personas se sienten defraudadas. Pero sinceramente, lo que se derrumba es la proyección, no la autenticidad del docente. Termino con algo que también me parece importante aclarar: enseñar Taichi o Qigong no convierte al profesor/a en "maestro/a espiritual". Al menos, yo ni me considero ni aspiro a ser maestro espiritual de nadie. Soy una persona que practica, que comparte con ilusión y vocación lo que va aprendiendo, y que sigue en su propio camino. Porque el equilibrio (yin/yang) o "ser zen" no significa ser perfecto, significa, sencillamente, seguir caminando. |
Manuel RodríguezEterno aprendiz... Archivos
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